Viaje a India: La historia de la profesora Choedon

TeacherChoedon

Una de las profesoras con la que más hablaba durante mi voluntariado en Rogpa, era con la Teacher Choedon, la que trabajaba con los niños más mayores de la escuela, incluida su hija. Un día, hablando con ella, me contó su historia.

 Ella nació en el Tibet, pero no en una gran ciudad como Lhasa, sino una de las zonas más despobladas. Cuando tenía entre 15 y 18 años, decidió huir de la opresión China e irse de su país. Para ello tuvo que pagar a un guía que le ayudó, junto a un grupo de 18 personas, a cruzar los Himalayas. Primero pasó por el pueblo de su madre, de ahí atravesó las montañas hasta Nepal, cruzó la frontera India hasta llegar a Delhi y por fin llegó a Dharamsala.

En las zonas rurales del Tibet no hay escuelas, por ello Choedon no pudo acceder a la educación. Cuando llegó a Dharamsala aprendió a hablar el tibetano correctamente (en el Tibet les obligan a aprender chino) y decidió apuntarse a las clases de idiomas que ofrecían los voluntarios. De esta manera aprendió inglés y un poco de francés. En la actualidad el chino se la está olvidando y la da vergüenza hablarlo.

Lleva más de 20 años sin ver a su madre. Ha intentado multitud de veces conseguir un pasaporte chino, pero siempre se lo niegan. Además la da miedo volver.

En la actualidad tiene una niña de 3 años (la que está a la derecha de la foto) y trabaja en Rogpa como educadora. Su marido está en Bélgica, país al que huyen muchos tibetanos para conseguir un futuro mejor. Sin embargo, tras estar trabajando se lesionó y tuvo que dejarlo. En la actualidad está estudiando una profesión. Por ahora Choedon y su hija no pueden vivir en Europa de manera legal. La situación la obliga criar a su hija ella sola como si fuese una familia monoparental.

Aunque en Dharamsala hay una gran comunidad tibetana y son bien recibidos por el gobierno indio, los tibetanos no tienen casi futuro allí. Muchos de ellos deciden hacerse monjes o si se les da bien las artes, entran en la escuela de Norbulingka en la que les enseñan a realizar trabajos tradicionales tibetanos. El resto trabaja en los restaurantes o puestos vendiendo sus productos a los turistas o se van a otras ciudades o paises a probar suerte. Parece ser que ahora la mayoría quiere ir a Bélgica porque han oido que allí se vive muy bien, que existe el estado del bienestar y que, a diferencia de la India, todo está muy limpio.

Si queréis saber más sobre los tibetanos y su situación, os recomiendo en blog de hippiepija.

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